4.30.2012

Con el agua al cuello

El rumor de las olas contra la orilla te relaja; si cierras los ojos, parece la respiración de un dragón; si los abres, eres capaz de quedarte ahí toda la vida, mirando al horizonte infinito.
Dejas la toalla y te diriges hacia el agua; las olas sumergen tus pies, provocándote un escalofrío. Sin mirar atrás, caminas hacia dentro disfrutando de cada gota que moja tu piel. Lo que más te gusta del Mediterráneo es esa calidez del agua que a la vez refresca. Cuando casi no haces pie, te tumbas boca arriba, haciendo el muerto. Te quedas así un buen rato, pensando en todo y sin pensar en nada; sólo dejándote llevar. De vez en cuando alzas la vista para comprobar que no te has alejado demasiado, pero hasta ahí llega tu contacto con el mundo.
Las olas te balancean suavemente, y el sol cae sobre ti como un manto. Te olvidas de tus preocupaciones; en el agua no pesan, y te viene a la mente una melodía que tarareas para ti, sin perder el ritmo del oleaje. No te acuerdas del pasado, no temes al futuro; sólo disfrutas del presente, y eso te gusta. Los días en los que llorabas hasta quedarte dormida se han ido; las noches en las que te reías como una loca frente al ordenador, también. No queda nada, sólo la mecedora de agua salada que te sostiene.
Estás con el agua al cuello, pero en el mar, no te importa.


Complejo de Heidi

Te quitas el abrigo, lo dejas encima de la cama y vais al salón. ¿Peli o Wii? Wii, por supuesto, queréis echaros unas buenas risas. Así que encendéis la consola, calibráis los mandos y os acomodáis en el sofá.
Y vaya si os reís. ¿Pero cómo se puede ser tan desastrosas? ¡Si tú llevas jugando al Mario Bros toda tu vida! Por supuesto, eres Luigi; no podría ser de otra forma. El fontanero de color verde siempre ha sido tu favorito. ¿Por qué? Porque Mario no salta. Y a ti te gusta saltar. De tal manera, recorres el pasillo que os lleva hasta el Jefe dando brincos, y tú amiga dice <<¿Es que no puedes ir como una persona normal?>> Te ríes y sueltas <<No, tengo complejo de Heidi, ¿algún problema?>>.
Y vuelven las carcajadas. Los personajes se caen constantemente, os ponéis a gritar intentando coordinar a los muñecos, y encima el perro se pone a hacer cosas raras. Estáis casi llorando de la risa, y ya no sois capaces ni de empezar la partida decentemente. Pues a ver una película.
Elegís la más ñoña que hay, preparáis un buen bol de palomitas y a disfrutar. Se supone que la película es romántica, pero tu amiga y tú no podéis parar de reíros. Las palomitas vuelan, así que acabáis pasándoos el bol vacío como si fuera radiactivo. El protagonista te parece guapísimo, y no haces más que decir << Ay, ay, ay, ay, ay, pero qué guapo es>>, con lo que tu amiga se ríe en tu cara.
Regresas a tu casa sin aliento, con agujetas de tanto reír. No hay nada mejor que una tarde con tu mejor amiga, Mario y Luigi y tu complejo de Heidi.

                                                                                                                            -Para Lorena.

Príncipe por correspondencia

Estás distraída escribiendo, con tu música favorita de fondo, cuando te llega un correo. Alguien ha escrito un comentario en tu Blog. Emocionada (apenas tienes comentarios en absoluto), corres a abrirlo y lo lees. En otros comentarios, la gente deja "pistas" para que sepas quiénes son, pero esta vez no tienes ni idea. Por el uso del adjetivo en masculino sabes que es un chico, pero hasta ahí llegan tus deducciones. Tampoco es que sea un comentario "excepcional"; simplemente dice que le gusta lo que has escrito y que se identifica con ello, pero inexplicablemente, te hace sonreír.
Contestas, agradeciéndole el cumplido y preguntándole por su propia experiencia. Mientras esperas su respuesta, todo dentro de ti se ha convertido en un volcán; el misterio del remitente surge en tu cabeza. Le preguntas si te conoce, pero evade tu pregunta con otra.
Empezáis a hablar y descubres en el misterioso remitente una gran persona; alguien inteligente, sensible, maduro... Y te sorprendes a ti misma comprobando los comentarios cada vez que puedes. Ha surgido dentro de ti el misterio esperanzador de alguien a quien abrirle tu corazón. Ha surgido el misterio del que te hablaban tus abuelos, el de conocer a alguien "por correspondencia".
-¡A comer!
Sacudes la cabeza y vuelves a la realidad; el cursor parpadea en blanco esperando a que escribas algo. Te ríes de ti misma y apagas el ordenador.
Ha sido un bonito sueño, el del príncipe por correspondencia.
Mientras echas mano de tu plato de espaguetis, te llega un correo.


Nubes y claros

Te levantas y está lloviendo, así que te preparas una taza de té, coges una manta y te sientas frente a la ventana un rato. Te acurrucas en esa esquina que tanto te gusta (entre la ventana y la pared), apoyas la cabeza y miras al cielo. La lluvia te relaja muchísimo; tan monótona y a la vez tan viva, tan natural, tan libre. El cielo está de un gris oscuro que no deja pasar demasiada luz, lo que te relaja aún más. 
Al cabo de un rato perdida en tus pensamientos, con la lluvia de fondo, regresas a la realidad; la lluvia está aminorando, y las nubes se están volviendo plateadas, dejando pasar algo más de luz. Vas a la cocina y te preparas otra taza de té. La lluvia ahora es menos intensa, pero sigue cayendo como una cortina, fina y delicada, así que te vuelves a colocar en la ventana y te pierdes de nuevo en su monotonía. 
Un tiempo después, la lluvia ha cesado, y las nubes se están abriendo, dejando paso a los claros. Saliendo de su escondite, el sol se deja caer sobre la calle, bañándolo todo con su calor. Ajustas la visión para poder seguir mirando al cielo; ya no llueve, ahora son todo nubes y claros, pero sigues mirando. 
Muchos dirían que es un aburrimiento, o una pérdida de tiempo, pero a ti no te lo parece. Es como observar la vida a cámara rápida. 
Porque, ¿qué es la vida sino nubes y claros?



Pesadillas

Corres; corres a toda velocidad pero no te mueves, y la bestia te está alcanzando. El callejón está oscuro y la única luz que te guía es la de la luna y la de las farolas de la calle principal; si llegas allí, estarás segura; pero sigues sin moverte. Gritas; gritas con todas tus fuerzas, pero no emites ningún sonido.
Agotada, te das por vencida, y te deslizas hasta el suelo, apoyándote en la pared. Tu respiración es tan densa que se puede ver en el aire nocturno, y la temperatura ha bajado hasta que los huesos te duelen. Alzas la vista y ves a la bestia acercarse a ti, sonriendo maliciosamente, con paso tranquilo. Sabe que te tiene atrapada; que te ha dado donde más duele.
Los segundos se hacen eternos; <<Llévame ya, hazlo rápido>>, suplicas; por supuesto, de tu boca no sale ningún sonido. La bestia está a tres metros de ti. Ralentiza el paso. Empieza a reírse, pero no de la situación, no, de ti. Tampoco te extraña mucho, la verdad, eres todo un espectáculo. Llega hasta tu altura y se alza sobre ti, a escasos veinte centímetros. De pie parece más enorme todavía. Cuando te ve la cara frunce el ceño. No estás llorando. Y es que, a pesar de saber que ha llegado tu hora, que te va a descuartizar, a torturar, no piensas derramar una sola lágrima. No vas a darle esa satisfacción.
La bestia te hace alzar la cara y mirarle a los ojos. Y esta vez, sí que se oyen tus gritos.

Te despiertas empapada en sudor, con las mantas echas un desastre y la almohada en el suelo. Estás temblando; parecía tan real... Todo está oscuro, así que enciendes la luz, pero una de las bombillas se ha fundido, así que sólo se hace la penumbra. Todos y cada uno de tus músculos están agarrotados, así que te estiras como puedes para desentumecerte.
¿Qué hora puede ser? Coges el móvil, pero las manos todavía te tiemblan y se cae dentro del cajón, que no recuerdas haber dejado abierto. Maldices por lo bajo y metes la mano, rebuscando. Lo encuentras, y al sacarlo, la pesadilla vuelve. Entre tus manos, está la bestia, sonriendo, casi posando.
Lanzas la foto contra la pared y gritas, gritas con todas tus fuerzas.

Te despiertas empapada en sudor. Sólo ha sido una pesadilla.


Infinito

Te despiertas y coges el móvil, entrando directamente en su perfil. Te ha dado los buenos días, y sonríes como una tonta.

A lo largo del día vas leyendo sus mensajes, y aunque por fuera pareces normal, por dentro eres un auténtico hervidero de amor. <<Vamos, vamos, vamos>>. Por fin llegas a casa y puedes encender el ordenador; al instante, la llamada entrante de Skype aparece, aceptas, y empezáis a hablar. Pero no habláis, en realidad; la mayor parte del tiempo os quedáis mirándoos el uno al otro a través de la pantalla, susurrando palabras románticas, riendo, llorando; todo juntos.

Llega ese milagroso día en que quedáis, y podéis veros, después de mucho tiempo. Hora y media antes de verle, tu estómago ya da vueltas y te tiemblan las manos. ¡Qué ilusión! Llega la hora. Sales a la calle, lo buscas con la mirada, y lo ves. Puedes ir corriendo hacia él, pero prefieres hacerte la tonta, pretender que no lo has visto; y así, con el rabillo del ojo ves su sonrisa cuando te encuentra, y el corazón te da un vuelco. Se acerca a ti con aire distraído y te dice "Hola", con ese tono tan característico suyo que te hace reír. Y te abraza. Oh, Dios mío, qué abrazo. Te quieres quedar ahí para siempre; no obstante, sabes que hay muchas cosas más para hacer, así que le das la mano y os dirigís juntos hacia el infinito.

Entonces te despiertas. Aquí está tu verdadero infinito.


4.29.2012

El As del escritor

Los escritores son personas curiosas. No porque sean unos bichos raros que viven como ermitaños, no, sino, sencillamente, porque saben escribir. Y el papel siempre gana a la piedra; por eso puedes decir todo lo que quieras, mientras no lo pongas en papel. Si hay una prueba escrita, estás muerto.

La escritura es un mundo, y los escritores son los dioses que la controlan. Cuando un escritor crea, generalmente narra hechos personales. Pero no narra como tal; escribe. Y el quid de la escritura es que no se cuentan las cosas como son; es tu historia, así que puedes hacerla como te de la gana. Y todos saben que el sufrimiento vende. De tal manera, y para decirlo en plata, los escritores toman una gota y la convierten en una cascada: exageran.

No lo hacen para darse importancia, sino para crear cosas... extraordinarias. Si tuviesen que contar lo que en realidad es su vida, sería un aburrimiento. Así que simplemente toman una idea, un deseo, y lo convierten en un escrito. Y el escrito no lo convierte en real, pero, como Dioses del mundo de la escritura, saben hacer que otros se lo crean.

Ése es el As del escritor.


Desbocarse

Que tú estés tan tranquila y venga Él a molestarte otra vez puede contigo. ¿Qué quiere ahora? Estabas consiguiendo olvidarle, distrayéndote un poco, pasando el día como cualquier otro. Y ¡bam! Ahí esta Él intentando hacer contacto. A cada paso que das en la otra dirección hay una intervención suya.
¡Que me dejes en paz!, gritas a la pantalla del ordenador; por supuesto, no contesta.
Apagas el ordenador echa una furia y te pones a mascullar por lo bajo, notando como la adrenalina estalla por tus venas y la furia te inunda por completo. Estás dando vueltas a la habitación intentando calmarte, pero es imposible, hay demasiada energía intentando salir. Echas un vistazo y ves un marco. Sin pensarlo dos veces lo coges.
Y lo estampas contra la pared.
Coges un zapato y lo lanzas; una botella, un libro, un cajón, un joyero, un muñeco, un estuche. Lo lanzas todo. Y gritas. Gritas con toda la fuerza de tus pulmones mientras ves tus pertenencias estallar en pedazos y tu corazón desangrarse. Sólo querías estar tranquila y olvidarle.
La energía abandona tu cuerpo y al igual que una pila sin batería, te dejas caer en el suelo, jadeando. Contemplas lo que queda de tu cuarto. No hay gran cosa en pie. Te has desbocado rompiendo todo lo que tienes. Estas agotada y te quedas dormida en un rincón, la cabeza encima de las rodillas.
Al rato te despiertas; todo está intacto. Ha sido un sueño.
Entonces ves un cristal roto en el suelo y una foto hecha pedazos.

Viajes intradimensionales

Llevas un día duro, y quieres desaparecer del mundo, aunque sólo sea un rato. Sabes lo que hacer. Coges el tesoro que se encuentra en tu mesilla, encuentras una postura cómoda y te dejas llevar. Una mirada dentro de tu tesoro y ya estás en otra dimensión.
<<¿Has viajado mucho?>>
Sí, respondes. A todos y cada uno de los rincones de la Tierra; a varias épocas e incluso a otros planetas. Todo a través de tu mayor tesoro: los libros. Con ellos has conocido el dolor, la felicidad, la pérdida, la victoria... Lo has conocido todo. Y has visitado Persia, el Imperio Romano, Alemania, Estados Unidos... Has descubierto Panem, Idhún, Hogwarts, Mannawinard, Gorlian y muchos más mundos sorprendentes. Las mejores experiencias las has vivido a través de los libros.
Ellos te han enseñado lecciones, moralejas, secretos; te han sacado de tu casa en Madrid, de España, de Europa, de la Tierra, del Universo, y te han llevado con ellos, para que seas libre. 
Han pasado dos horas y los ojos te pican; te has ido recostando inconscientemente y te duele la espalda. Lo más duro de estos viajes es volver a casa y encontrarte contigo misma, con tu realidad. Pero no importa demasiado; sabes que los libros siempre te van a sacar de allí.
Para hacer viajes intradimensionales; para hacerte feliz.

Buenos días, mundo

Te revuelves un poco y tus sueños se van convirtiendo en bruma; te estiras y ronroneas/gruñes hasta que sabes dónde estás. Frunces el ceño y arrugas la nariz, porque aunque probablemente no sea pronto, sigues cansada y te duele la cabeza. Entonces te preguntas qué hora será; no ha sonado la alarma, así que es antes de eso, seguro. Pero tampoco sabes cuánto antes.
Arrastrándote hasta el borde de la cama, alargas la mano y coges el móvil. Es más pronto de lo que pensabas, teniendo en cuenta que ayer te acostaste tarde. No importa. Entras en Twitter y das los buenos días, pones algunas chorradas mientras te desperezas y vas recuperando la conciencia. Al cabo de un rato, te levantas, vas al baño a refrescarte y te preparas algo de desayunar. Ahora ya vuelves a ser persona.
Haces un análisis de tu estado de ánimo, y te sorprende a ti misma el resultado: estás feliz. Te extraña, y evalúas la situación; ah, claro, que él ha salido de tu vida. Así, con una sonrisa triunfal, das los buenos días al mundo y empiezas tu día. Sea lo que sea que te vaya a traer, es tuyo, y vas a moldearlo como te de la gana.
Te has parado frente a la ventana; la miras unos segundos y no te lo piensas más; la abres, coges aire y gritas:
¡Buenos dias, mundo!


Fearless

There's something about the way the street looks when it's just rained,
theres a glow of the pavementent, you walk me to the car,
and you know I wanna ask you to dance right there, 
in the middle of the parking lot, yeah.

We're driving down the road, I wonder if you know
I'm trying so hard not to get caught up now, 
but you're just so cool, run your hands through your hair,
absent-mindedly making me want you.

And I don't know how it gets better than this, 
you take my hand and drag me headfrist, fearless.
And I don't know why, but with you I'd dance
in a storm in my best dress, fearless.

So baby drive slow, 'till we run out of road,
in this one horse town, I wanna stay right here
in this passenger seat, you put your eyes on me,
and this moment, now capture it, remember it.

Cause I don't know how it gets better than this, 
you take my hand and drag me headfirst, fearless.
And I don't know why, but with you I'd dance
in a storm in my best dress, fearless.

Well, you stood there with me in my doorway, 
my hands shake, I'm not usually this way, but
you pull me in and I'm a little more brave,
it's the first kiss, it's flawless, it's really something,
it's fearless.

Cause I don't know how it gets better than this,
you take my hand and drag me headfirst, fearless.
And I don't know why but with you I'd dance
in a storm in my best dress, fearless.

Cause I don't know how it gets better than this,
you take my hand and drag me headfirst, fearless.
And I don't know why but with you I'd dance
in a storm in my best dress, fearless.






Más fuerte que los demás

Llevas dos días que quieres que se acabe el mundo, sin saber qué hacer, sin levantar cabeza. Y parece que asumes que nunca podrás olvidarle, que tu cerebro no será tan amable de concederte eso. Te acurrucas en una esquina de la cama y enciendes el ordenador. Hay dos amigos conectados, y empiezas a hablar con ellos; te distraes, y hasta sonríes; los dos te dicen lo que ya sabes: que vas a salir adelante.

Entonces una fuerza crece dentro de ti, y te armas de valor; levantas la cabeza y asientes para ti; tú puedes. Te levantas y te miras al espejo. ¿Qué ves? Nada más y nada menos que lo que hay: una chica que no está aprovechando sus virtudes. Hasta ahora.

Porque nada puede pararte, vas a volver a vivir; y vas a vivir de la mejor manera posible, porque así tiene que ser; ¿y como? Siendo fuerte.

Tú eres más fuerte que los demás.
                                                                                                               Para Victor y Juan: Gracias.

4.28.2012

A solas contigo misma

Terminas de peinarte, coges las llaves, el bolso y te vas. En la puerta te esperan tus amigos; os ponéis a hablar y el tiempo se vuelve un concepto inmortal. Llegas al cine y te encuentras con tu otro amigo; empiezan las risas, las bromas, la diversión. No sabes qué hora es; no te preocupa. Todos tus problemas son inexistentes.

Rebuscas en el bolso y echas mano de las llaves; entras, te quitas el abrigo y te sientas en la cama. Estás sola. Según te descalzas el tiempo vuelve a ser tangible, y la realidad regresa a ti, y para cuando te estás poniendo el pijama, ya has tocado fondo. Sientes el alma en carne viva, tu corazón sangrando y tu cerebro torturándote con lo que sabes que no puedes olvidar, aunque quieras. La sonrisa que has llevado dibujada toda la tarde ya se ha borrado, los hombros se te han hundido, la cabeza se ha agachado.

Te has quedado sola contigo misma, y no hay nada más peligroso.

La Luz Al Final Del Túnel

--Escucha -la corté colocando un dedo sobre sus labios-, lo que quería decirte antes de que me operaran era el deseo que pediría; ¿te acuerdas que estuvimos pensando un deseo?
--Sí, pero…
--Yo ya he elegido el mío -murmuré interrumpiéndola de nuevo.
Se rindió y suspiró fuertemente, dejando que hablara, y se quedó mirando a la arena, dibujando ondas en ella.
--Si pudiera pedir un deseo, y, espero que si quieres hacerme una promesa puedas hacerme esta, sería este: mi deseo es que si algo sale mal, conozcas a otros chicos, te cases y tengas hijos, nietos… Pero no quiero que me quieras para siempre, sólo… -tomé aire y me tembló la voz-, sólo hasta que muera, sea dentro de unos días, año y medio o dentro de sesenta años.
Empecé a jadear, y no pude sostenerle la mirada a Marta un segundo más. Ella me levantó el mentón con dos dedos y me hizo mirarla; estaba muy cerca de mí.
--¿Y por qué he de hacer eso? -susurró con la voz temblorosa.
--Porque -expliqué-, si no lo haces, morirás -la voz se me quebró al decir la palabra- sola, sin nadie que te quiera, y eso no es justo, tú no te mereces eso.
La dejé boquiabierta, respirando con intensidad y mirándome fijamente a los ojos.
--¿Quieres prometerme algo? Pues prométeme eso, por favor -rogué en un murmullo.
Esperé a que contestara algo, pero se limitó a levantarse y decir:
--Tengo frío.
Me levanté y avancé hasta ella. La envolví en un abrazo por la cintura y la obligué a parar; la miré a la cara y la hice devolverme la mirada. Por fin en un susurro dijo:
--Nunca conoceré a nadie como tú.
--Claro que no, conocerás a alguien mejor, alguien que te querrá igual y que te cuidará por mí. Vamos Marta, tú no quieres esto.
--Yo te quiero a ti -gimió.
--Pues quiéreme -susurré en su oído-, quiéreme hasta que mi corazón deje de latir, cuando lo haga, tendrás que seguir adelante -vacilé-; ¿lo harás por mí?
Me besó febrilmente, repasando mis labios con su lengua; separé -con mucha fuerza de voluntad- mis labios de los suyos y apoyé la frente en su hombro.
--¿Lo harás? -supliqué.
--…Lo haré, te lo prometo –enmudeció y unos segundos después añadió–. Te quiero.
--Yo también.

El Desayuno

                             Me gustas cuando dices tonterías,
                            Cuando metes la pata, cuando mientes,
                            Cuando te vas de compra con tu madre
                            Y llego tarde al cine por tu culpa.
                            Me gustas más cuando es mi cumpleaños
                            Y me cubres de besos y de tartas,
                            O cuando eres feliz y se te nota,
                            O cuando eres genial con una frase
                            Que lo resume todo, o cuando te ríes
                            (tu risa es una ducha en el infierno),
                            O cuando me perdonas un olvido.
                            Pero aún me gustas más, tanto que casi
                            No puedo resistir lo que me gustas,
                            Cuando, llena de vida, te despiertas
                            Y lo primero que haces es decirme:
                            <<Tengo un hambre feroz esta mañana.
                            Voy a empezar contigo el desayuno >>.
                                        
                                                                                                          -Luis Alberto De Cuenca

Tierra llamando a corazón

<<Corazón, corazón, establece contacto con la base. (...) Corazón, conteste; cambio>>

Estando sentada frente al ordenador, y preguntándote el auténtico sentido de todo, no puedes evitar echar en falta el relleno de ése hueco que tienes en el pecho. Tu corazón.
No estás segura de con quién está, si con Él, o con esa otra persona que se está abriendo camino hacia ti, pero lo echas de menos. Porque sin tu corazón estás incompleta, y te falta la felicidad, la capacidad de concentración... Te falta el alma.
Tu cerebro está ocupado buscando a tu corazón, así que tiene que viajar hasta aquellos con los que cree que puede estar; todo ello te causa todavía más dolor. A uno de ellos no quieres volver a verle; al otro, sí, pero sabes que nunca serás suficiente. Entonces te preguntas: ¿Dónde está mi corazón? ¿Con quién tiene que estar?
Y sabes que, a día de hoy, sólo tiene que estar con una persona: contigo.
Vuelves a probar el Walkie-Talkie.

<<Corazón, corazón, responde. Tierra llamando a corazón>>

Teoría de la Realidad

Esta es la teoría de un buen amigo mío; espero que os guste:


TEORÍA DE LA REALIDAD
"-Dios ha creado la realidad. Él está en un nivel superior a esta realidad, por lo que no me puedo cuestionar si Él es real. Sé que mi plano es real porque Dios lo ha creado.
-El plano de Dios es diferente a nuestra realidad, ya que el nuestro está restringido por las leyes de la física. Dios podía hacer total y absolutamente lo que quisiera (por eso le llamamos Dios). 
-Dentro de la realidad existen conciencias (yos) reales cuya función es percibir, vivir y disfrutar del mundo en el que Dios nos ha dado la posibilidad de exisitir. ¡Yo le estoy muy agradecido!"
Como extra cabe plantearse qué hay en el plano de Dios, si existen el tiempo y el espacio o si existen otros Dioses que hayan creadod otras realidades paralelas a la nuestra. La pregunta del millón es: ¿Ha sido el plano de Dios(es) a su vez creado por alguien? Eso no lo podemos saber ni deducir de ninguna manera, por lo que no merece la pena ser investigado. Yo, personalmente, no creo que exista un nivel superior al de Dios.

By Víctor A.

Tic, Toc

Tic, toc, tic, toc, tic, toc...
Pasan los segundos y no tienes nada que hacer.
Tic, toc, tic, toc, tic, toc..
Entras en una red social, ves que no hay nada, sales, entras en otra; así hasta que ya no te quedan redes que actualizar. Entonces abres esas páginas que te hacen tanta gracia o que simplemente te entretienen; viñetas, carteles, confesiones... Llegas a las antiguas y, una a una, vas cerrando las pestañas.
Tic, toc, tic, toc, tic, toc...
El reloj sigue sonando, pero a ti te da la sensación de que el segundero no se mueve. Y encima no dejas de pensar en él. Intentas distraerte, pero no sabes qué más páginas visitar. Al final, acabas abriendo el Blog y haciendo clic en "Nueva Entrada". Te pones a escribir esto y vuelves a mirar el reloj.
Tic, toc, tic, toc.

Mariposas en el estómago

-¿Sabes quién más viene?
-Eh... Pues no; ¿quién?
-Él.
Te sonrojas y los labios se te curvan en una pequeña sonrisa. Te sientes tonta; conoces a ese chico de dos días, y casi no sabes nada de él. ¿Entonces por qué tienes tantas ganas de verle? Te sientes emocionada por la tarde que se avecina con él; qué pasará, de qué hablaréis, volarán indirectas entre vosotros, miradas... Y empiezas a notar un cosquilleo en el estómago.
No sabes si al final pasará algo o no; ni siquiera si será tan emocionante como te lo imaginas. Pero sabes que estás un paso más cerca de conocerle verdaderamente y eso te anima.
Cuelgas el teléfono y te brillan los ojos.
Tienes mariposas en el estómago.
                                                                                                                           

Un poco de magia

La cabeza no te deja de dar vueltas, y no puedes más; dios mío, te va a estallar. Te tiemblan las manos, te botan las piernas, tu respiración cada vez es más irregular. Esto no puede ser; tienes que calmarte. 
Vas al salón, colocas la banqueta y te sientas; levantas la tapa, pones los pies en su sitio y respiras bien hondo. Colocas las manos y comienzas a tocar. 
Y toda la tensión se va; los pensamientos, las preocupaciones, las angustias; todo eso ha abandonado tu cuerpo. Con cada nota, sientes tu cuerpo relajarse y dejarse llevar por la música; tu cerebro sólo puede concentrarse en la melodía que hay que destacar, la posición de las manos, los matices y los cambios de pedal... Te concentras en la música y todo el mundo desaparece. Sólo estáis tú y el piano. 
Y durante unos minutos, haces magia.

Lluvia

"There's something about the way the street looks when it's just rained" - Taylor Swift
 Te despiertas con un "tap, tap, tap" constante en tu ventana; es un ruido monótono y constante, pero te tranquiliza. Sabes que no podrás quedar hoy en la calle, y que el pelo se te rizará hasta que parezcas un león, pero te da igual. Porque está lloviendo.
En las calles tranquilas de la ciudad todo cambia cuando llueve; los paseantes sacan sus paraguas y los hidrofóbicos se vuelven a casa; todo se queda silencioso y con un aire de paz. Te pones una sudadera y sales a la terraza; respiras hondo; "ah..." No hay mejor olor que el de la calle mojada; te quedas un rato ahí, congelándote de frío, mirando a la calzada. Ese brillo del pavimento te pone los pelos de punta. Cuando el frío ya ha calado en tus huesos y te empiezas a encoger involuntariamente, vuelves dentro, te das una buena ducha caliente y te sientas frente a la ventana, mirando al cielo.
Solo ves los pisos más altos de los edificios, y el cielo. Un cielo plateado que descarga su más bello regalo sobre tu ciudad, un cielo que, aunque ahora está cerrado, es infinito.
La lluvia hace que te duelan los huesos, pero te da igual. Estás sonriendo.

Decisiones

Es la una y media de la madrugada y no puedes más. Ha sido un día horrible y ni siquiera entiendes qué ha pasado. La cabeza te da vueltas, la piel se te pone de gallina, el estómago se te encoge. Y no sabes qué vas a hacer mañana, o al día siguiente, o al siguiente. Pero tienes una cosa clara, y es que, sea lo que sea que el mañana te traiga, lo vas a coger y te lo vas a meter en el bolsillo. Porque el mañana es tuyo; es TU mañana.
Y aunque no te das cuenta, inconscientemente te has convertido en la persona más fuerte del mundo; has decidido que no te vas a parar, porque no es que él no te merezca, o que tú merezcas a alguien mejor, no; es simplemente que tienes ese maravilloso y ridículo regalo llamado vida, y no puedes desperdiciarla, porque sólo hay una.
Te las das de mayor y de madura, pero sabes que sólo eres una niña y que aún no has visto nada; pero bueno, has decidido que estás preparada para verlo y para hacer con ello lo que te de la gana, y ¿cuánta gente sabia es capaz de hacer eso?
Los que saben tomar decisiones.

4.27.2012

Palabras y Acciones

Tienes que sacarlo de tu vida. Escribes: www... Entras en la página y haces los procedimientos que te llevan a la siguiente pregunta: "¿Seguro que quieres borrar esta cuenta?" Haces clic en "Sí" y todo se acaba. No te sientes especialmente bien, pero sabes que ya no puedes volver atrás, y eso es bueno, porque lo que quieres es mirar adelante.
Pasan las horas y te vas olvidando de él, de las lágrimas, de los insultos; hasta de las sonrisas. Es así como tiene que ser. Te obligas a salir y te sorprendes a ti misma riéndote a carcajadas con tu mejor amiga, hablando de tal y de cual como si todo estuviese bien.
Vuelves a casa y entras en Twitter, para poner lo feliz que estás. Pero tu Cronología te juega una mala pasada, y su imagen de perfil resalta entre las demás. El mensaje está escrito en mayúscula, así que no puedes evitar leerlo.
Y todo se vuelve negro de nuevo.

Tensión

Todo se ha acabado y lo sabes; no quieres volver con él, porque no le quieres; no quieres hablar con él, porque se ha pasado. Entonces, ¿por qué no puedes evitar preguntarte qué estará haciendo?
Si hubieras vivido hace tres décadas, tendrías que aguantarte, porque no había forma de saberlo. Pero vives en el siglo XXI, el de la comunicación y la tecnología; y sabes cómo averiguar lo que está haciendo. Sólo tienes que pulsar G+U, introducir su nombre de perfil y luego pulsar Enter; y ya está: aparecen todos sus Tweets con todos sus pensamientos.
Pero te has prometido no saber nada más de él, no ver lo que piensa; cuanto menos sepas, más alejados estaréis, y cuanto más alejados, menos te llevará olvidarle. Así que no pulsas la combinación que te llevará a su perfil y sigues sin saber qué piensa o qué hace. Ya has conseguido dos horas; tú puedes.
Pero no puedes; porque notas la tensión crecer en tus entrañas, y te presionan ahí donde más te duele, diciéndote, gritándote lo que ya sabes: si quieres aliviar el dolor, tendrás que leer lo que está poniendo. Tragas fuerte y cierras los ojos; intentas respirar profundamente y aguantar las lágrimas. Estás temblando, pero te da igual.
Abres otra pestaña y buscas algo que te distraiga; ya llevas dos horas, puedes conseguirlo.
Puedes conseguirlo.

Furia (...no es real...)

...no es real, no es real, no es real, no es real, no es real, no es real... ¡No es real!

Pero lo es, y lo sabes. Llevas media hora dando vueltas por la habitación con el móvil en la mano, y cada "Tweet" nuevo que lees te hace apretar más los puños. <<Lo siento>> <<Aún no sé qué ha pasado>> <<Estoy harto de cargar con la culpa>>.

...no es real, no es real, no es real, no es real, no es real, no es real...

Pruebas a sentarte, pero en cuanto lo haces tu pierna se dispara y se pone a botar; se te clavan las uñas en las palmas de las manos y sientes como el dolor ahoga tus ganas de llorar. Así que vuelves a ponerte de pie y continuas con tu paseo circular.

...no es real, no es real, no es real, no es real, no es real, no es real...

Pasa una hora, pero los mensajes no dejan de aparecer y tú no sabes por qué sigues leyéndolos, pero lo haces. Te has quedado sin fuerza en las manos de tanto apretar, así que cierras los ojos con fuerza y notas como todo tu cuerpo tiembla. Sientes una lágrima caliente bajando por tu mejilla, y seguidamente otra.

...no es real, no es real, no es real, no es real, no es real, no es real...

Hora y media, y todo te da absolutamente igual; estás empapada en lágrimas, echa añicos, acurrucada en una esquina de la cama con la manta a tus pies. No te queda nada; no sientes nada, y a la vez lo sientes todo.
Así que gritas. Olvidándote de todo y de todos. Notando como tu cuerpo se tensa con cada desgarro de tu garganta. Gritas hasta que las fuerzas te abandonan y, por fin, te quedas dormida.

Tarde de viernes

Por fin viernes.
Las 16:57. Tres minutos y serás libre. Miras el móvil.
Las 16:58. Dos minutos. Vamos, vamos, vamos; queda cada vez menos. Ya casi eres libre. Vuelves a mirar el reloj.
16.59. Ya está, se acabó. Ante ti se abre...
Nada.
Ya es viernes, sí, pero te das cuenta de que, en realidad, no tienes planes; nada que hacer, nadie con quien quedar... Ni siquiera alguien a quien llamar. Nada. Miras a ambos lados y ves a la gente ya en ropa de calle. Empiezas a notar el cansancio del día, y los hombros se te hunden un poco. No, no importa, puedes recuperar ese cansancio. Alzas la vista y ves a todos sonriendo y emocionados por sus planes. Aquí viene el cansancio de toda la semana, y ahora agachas la cabeza. ¿Pero qué más da? Si ahora vas a descansar. Hasta tus oídos llegan las historias de los planes de todos y cada uno de tus compañeros: fiestas, amigos, novios/as, salidas improvisadas...
17:00. Eres libre.
Libre para irte a casa, encender el ordenador y rezar para que pase el tiempo lo más rápido posible, y puedas irte a la cama. Libre para disfrutar tu tarde de viernes absoluta y totalmente sola. Libre para estar encerrada.
Pero sólo hasta la siguiente tarde de viernes.

Un poco de todo

Hoy por hoy, puedes decir que tu vida tiene un poco de todo. No eres especialmente feliz; no eres especialmente triste. Simplemente estás viva, y eso va a tener que bastar, de momento. Porque llevas quince años en este mundo de guerras, amor, destrucción y risas, y te parece mentira haber visto tantas cosas. Claro que en realidad eres consciente de que no has visto nada; a ti sólo te lo han contado, te han hablado de ello, has visto cómo les pasaba a otros. 
De momento lo único que tú has visto, con tus propios ojos, es el principio del nacimiento del mundo; porque sabes de todo y de nada; porque la mayor parte del tiempo no tienes absolutamente ni idea de cómo te sientes exactamente. 

Digamos que tu vida es, hoy por hoy, un poco de todo.